Los niños en Instagram y Facebook fueron blanco frecuente de acoso sexual según el Estado de Nuevo México

Por Katherine Blunt y Jeff Horwitz

Artículo publicado en The Wall Street Journal,  17 de enero de 2024, 10:38pm ET. Traducción personal.

Los niños que usan Instagram y Facebook han sido blanco frecuente de acoso sexual, según una presentación interna de Meta Platforms de 2021, que estimó que 100,000 menores cada día recibían fotos de genitales de adultos u otro contenido sexualmente abusivo.

Ese hallazgo se encuentra entre el material no censurado de una demanda reciente sobre las políticas de seguridad infantil de la compañía presentada por el Estado de Nuevo México, que alega que las plataformas de Meta recomiendan contenido sexual a usuarios menores de edad, y facilitan las cuentas de menores de edad a usuarios adultos depredadores.

En un documento interno de 2021 y descrito en el material no censurado de la demanda, los empleados de Meta señalaron que uno de sus algoritmos de recomendación, llamado «Personas que quizás conozcas» (PYMK), era conocido entre los empleados por conectar a usuarios infantiles con posibles depredadores. La demanda de Nuevo México dice que el hallazgo había sido señalado a los directivos de la empresa varios años antes, y que habían rechazado una recomendación del personal de que la compañía ajustara el diseño del algoritmo, conocido internamente como PYMK, para evitar que recomendara menores a adultos.

En comentarios adjuntos al informe, un empleado de Facebook escribió que el algoritmo había «contribuido en el pasado con hasta el 75% de todos los contactos inapropiados entre adultos y menores». «¿Cómo diablos no hemos apagado PYMK entre adultos y niños?», respondió otro empleado, según la demanda. «Es muy, muy molesto».

Meta se negó a comentar sobre las referencias recién reveladas en los documentos internos, remitiendo a The Wall Street Journal una declaración anterior, en la que dijo que Nuevo México «caracteriza erróneamente nuestro trabajo utilizando citas selectivas y documentos seleccionados». Llamando a los depredadores de niños «criminales decididos», la compañía ha dicho que ha invertido durante mucho tiempo en herramientas centradas en la aplicación de la ley y la seguridad infantil para usuarios jóvenes y sus padres.

Nuevo México alega que Meta no ha abordado la depredación generalizada en su plataforma ni que ha limitado las funciones de diseño que recomendaban niños a los adultos con intenciones maliciosas. En lugar de reconocer públicamente los hallazgos internos, como la escala de acoso de 100,000 niños al día en sus plataformas, la demanda alega que Meta aseguró falsamente al público que sus plataformas eran seguras.

Gran parte de la discusión interna descrita en el nuevo material no censurado de la demanda se ha centrado en Instagram. Según documentos de la demanda, en un correo electrónico interno en 2020, los empleados informaron que en los Estados Unidos, la presencia de «conversaciones sexuales» con menores era 38 veces mayor en Instagram que en Facebook Messenger, e instaron a la compañía a promulgar más salvaguardas en la plataforma.

Ese año, un empleado de la empresa informó de que un ejecutivo de Apple se había quejado de que su hijo de 12 años era solicitado en Instagram. El empleado de Meta encargado de abordar el problema señaló: «este es el tipo de cosas que molestan a Apple hasta el punto de amenazarnos con eliminarnos de la App Store«. Por eso, en ese momento él preguntó si había algún cronograma para cuando se evitaría que adultos enviaran mensajes a menores en la plataforma.

Una presentación de noviembre de 2020 titulada «Seguridad infantil: estado del juego» dijo que Instagram empleó «protecciones mínimas de seguridad infantil», y describió las políticas con relación a la «sexualización de menores» como «inmaduras». Además, señaló que la plataforma tenía un «enfoque mínimo» con relación a la trata de personas.

A pesar de conocer la magnitud del problema, alega Nuevo México, los líderes de Meta no tomaron medidas para evitar que los adultos solicitaran sexualmente a los niños hasta finales de 2022; y no hicieron caso a los mensajes sobre limitaciones que su personal de seguridad recomendaba. En lugar de parar las recomendaciones de las cuentas de niños a los adultos, Facebook e Instagram trataron de bloquear tales recomendaciones a los adultos que ya habían demostrado un comportamiento sospechoso hacia los niños.

El enfoque de Meta de limitar solo el contacto con cuentas sospechosas conocidas estaba destinado a ser menos efectivo que cerrar las recomendaciones, dice Nuevo México, porque tanto los adultos malintencionados como los niños mentían rutinariamente sobre su edad. Meta reconoció internamente en el 2021 que la mayoría de los menores en las plataformas de Meta afirmaban falsamente ser adultos, dice la denuncia de Nuevo México. Y un estudio de las cuentas deshabilitadas por buscar niños para abusar de ellos encontró que el 99% de esos adultos no declararon su edad.

Meta estableció en junio 2023 un grupo de trabajo para abordar los problemas de seguridad infantil en sus plataformas después de que un artículo en The Wall Street Journal revelara que los algoritmos de Instagram conectaron y promovieron una vasta red de cuentas dedicadas abiertamente a la comisión y compra de contenido sexual de menores de edad.

Artículos adicionales de The Wall Street Journal del año pasado (2023) mostraron que Meta estaba luchando por solucionar los problemas tanto en Instagram como en Facebook, donde recientemente ha introducido los mensajes directos encriptados. The Wall Street Journal también reportó que el personal de seguridad de la empresa había advertido durante mucho tiempo sobre los peligros de intercambios velados, y que podrían utilizarse para enjuiciar la explotación infantil. Meta dijo que había pasado años desarrollando medidas de seguridad para prevenir y combatir los abusos.

Además de la demanda de Nuevo México, más de 40 Estados ha demandado a Meta en octubre 2023, alegando que engañó al público sobre los peligros que sus plataformas representan para los jóvenes. Este mes (enero 2024) , Meta dijo que comenzaría a restringir automáticamente las cuentas de adolescentes en Instagram y Facebook de contenido dañino, incluidos videos y publicaciones sobre autolesiones, violencia gráfica y trastornos alimentarios.

La reacción política en USA contra la exposición de los niños generada por las empresas de Social media

Foto VOA

Alejandro Fontana, PhD

Esta semana en los Estados Unidos, la Comisión de Justicia del Senado citó a los CEOs de las empresas de Social media: Facebook e Instagram, Tik Tok, X y otras más para testificar sobre la explotación de niños a través de las redes sociales.

A estas empresas billonarias se les reclama haber sido la causa material y formal de adicciones, desórdenes alimenticios, abusos sexuales y suicidios de adolescentes, e incluso de niños, atrapados por los algoritmos que estas empresas usan para incrementar el tráfico en las redes. También se les acusa de no haber desarrollado ningún instrumento para prevenir estos problemas.

Como recoge VOA, Meta ha sido demandada por más de una docena de Estados, que señalan que la empresa diseñó, deliberadamente, herramientas en Instagram y en Facebook para volver adictos a los niños a sus plataformas. El Estado de Nuevo México ha demandado también a la empresa por la falta de protección a los niños contra los depredadores sexuales que operan en las redes.

En la sesión, se mostraron emails de Nick Clegg, presidente de Meta para asuntos globales, y de otros funcionarios de la empresa pidiéndole a Zuckerberg contratar más personal para trabajar en la creciente preocupación por los efectos de las plataformas en la salud mental de los jóvenes. En un email dirigido a Zuckerberg en agosto de 2021, Nick Clegg señaló:

Desde una perspectiva política, este trabajo se ha vuelto enormemente urgente en los recientes meses. Los políticos de USA, UK, la Unión Europea y Australia están expresando públicamente y en privado sus preocupaciones por el impacto que nuestros productos tienen en la salud mental de la gente joven.  

Sin embargo, este email no tuvo ninguna respuesta de Zuckerberg. A este hecho, se ha sumado que en setiembre de ese mismo año (2021), The Wall Street Journal lanzó un reportaje titulado Facebook Files, donde se recogen documentos internos de la empresa a los que se ha accedido por Frances Haugen, empleado de Facebook, que ha entregado estas evidencias de la falta de interés de Zuckerberg por el impacto en la salud mental de los adolescentes a las autoridades americanas.

Como recoge VOA, según Arturo Béjar, antiguo director de ingeniería de Meta, conocido públicamente por su experiencia para frenar el acoso en línea, y que recientemente ha testificado ante el Congreso Americano sobre los procesos de seguridad para los niños de las plataformas de Meta:

ellos conocen cuánto daño están experimentando los adolescentes, pero no se comprometerán en reducirlo, y más importante, menos en ser transparentes en este tema. Tienen la infraestructura para hacerlo, la investigación, la gente: es un tema de prioridad.  

A lo largo de la sesión, los senadores de ambos partidos, Demócratas y Republicanos se mostraron unánimes en las críticas a estas empresas por la falta de protección que han sufrido los niños. En la sala también se encontraban varios padres y familiares de los adolescentes que han fallecido o que han tenido alguna complicación a causa de los problemas de adicción. En determinados momentos, ellos levantaban en silencio las fotos de sus seres queridos.

En un momento de la sesión, la Senadora de Carolina del Sur, Lindsay Graham, se refirió a las empresas del siguiente modo: “después de años de trabajo con ustedes y con otros, he llegado a la conclusión que las empresas de Social media, como están diseñadas y operan actualmente, son productos dañinos”. Y el Senador por Missouri, Josh Hawley, reclamó fuertemente a Zuckerberg la necesidad de indemnizar de modo personal a las familias de las víctimas; y le sugirió pedir disculpas públicamente. Zuckerberg se levantó, se volvió hacia el público y pidió disculpas por todo lo que las familias habían tenido que atravesar.

En el ambiente una premisa quedó clara: nada justifica a la ambición económica generar este tipo de desgracias en las familias. Por eso, el sector empresarial debe ser consciente de su rol en la sociedad; y trabajar por el bien común, y no solo por su propio beneficio económico.  

El trabajo profesional y la creación de valor

Foto de Nick Morrison

Alejandro Fontana, PhD

La actividad profesional -las tareas con las que cada uno se gana la vida y obtiene también los recursos para su familia- es una actividad que suele abarcar muchas horas de la jornada diaria. En el contexto laboral, se habla de 8 horas de dedicación por día, que en ocasiones se incrementa según la dedicación que cada uno desee darle o las exigencias del contexto.

Esta actividad diaria y demandante de tiempo se enmarca en muchas ocasiones dentro de un esquema contractual: se recibe una compensación económica por una dedicación de tiempo o por unas tareas específicas que deben cumplirse. Este hecho genera que la actividad laboral se reduzca a una relación contractual, y se gestione, por tanto, bajo esta perspectiva. Ahora mismo, por ejemplo, algunos políticos discuten la conveniencia de elevar la remuneración mínima vital.

Pero el exceso de atención a esta dimensión contractual del trabajo lleva a un reduccionismo de una actividad que tiene mucho más implicancias que ser un objeto de contraprestación. Por ejemplo, se deja de mirar que el trabajo es una realidad fundamental para la sobrevivencia de la especie humana. Dentro de los seres naturales, el hombre no está habilitado de capacidades físicas que le permitan asegurarse la supervivencia; y por tanto, si solo contara con ellas, quedaría a merced de los otros seres y de la propia naturaleza. Pero en cambio, está dotado de unas capacidades superiores y de unas manos con las que puede construir herramientas que le permiten suplir dichas deficiencias físicas, e incluso, escapar de lo meramente natural: todos los seres naturales deben adaptarse al ambiente para sobrevivir; el hombre, en cambio, adapta el ambiente a su naturaleza, y sobrevive.

Esta adaptación de la naturaleza se realiza a través del trabajo. El trabajo, por tanto, adquiere un rol esencial en la supervivencia de la humanidad; al punto que si en este momento los hombres dejaran de trabajar, la especie humana correría peligro de extinción. Piense, por ejemplo, en las personas que ahora mismo están trabajando en las centrales de energía del hemisferio norte. Si ellos abandonaran sus puestos, gran parte de la población de ese hemisferio no sobreviviría las condiciones naturales de frío.

Con relación a esto, surge también una cuestión importante, que no trataré ahora, pero que la dejo expuesta. Existe una correspondencia estrecha entre las condiciones de la naturaleza y esta capacidad de trabajar del hombre. Si la naturaleza fuese caótica, no tendría ningún sentido la capacidad de razonar, de entender la realidad y de generar herramientas del hombre. Hay algo allí que merece una atención detenida.

Podemos ir cerrando esta reflexión considerando que el trabajo humano -cualquiera que fuese- es una actividad que crea valor. Parte de ese valor es correspondido por la contraprestación económica que uno recibe por su trabajo; pero como me lo hacía ver un amigo arquitecto: uno nunca entrega todo el valor que se genera cuando se trabaja bien.

Cuando se trabaja bien, el valor generado es muy alto. Parte de ese valor se entrega al consumidor, pero una gran parte -la mayoría- queda en uno mismo. Por eso, quien trabaja bien cada vez es más valioso. De un lado, en uno queda la metodología, la organización de las actividades, los conceptos claros, los nuevos conocimientos, los contactos con otros expertos, un mayor dominio del entorno, la capacidad de explicar cuestiones complejas; y de otro -y ojalá siempre sea así- el espíritu de servicio, el no temer que aparezcan situaciones complejas, el interés por resolver los problemas de los clientes, la ética.

Sin duda, la necesidad de trabajar bien, de cimentar los conocimientos es imprescindible para los profesionales independientes. En nuestro país, hay médicos que tienen listas de pacientes que llegan hasta medio año. Si esto se da es, porque muchos médicos no han estudiado ni han trabajado con esta mentalidad de que gran parte del valor que genera un buen trabajo se queda en uno mismo. De igual forma, tampoco es positivo que uno reciba una contraprestación económica que sea desproporcionada a la actividad desarrollada. Si esto sucede, el trabajo no es una fuente de valor para uno, sino uno dádiva que otro entrega; y en lugar de crecer, uno involuciona: las capacidades que no se desarrollan se deterioran.

Por tanto, una conclusión sencilla y simple: trabajar bien; cada vez mejor. No importa si la contraprestación económica actual es la que corresponde al esfuerzo y valor generado; el mayor valor de un trabajo bien hecho siempre queda en uno; y tarde o temprano, será reconocido también económicamente…      

El conocimiento del directivo y la actitud ante los bienes materiales

Foto de Kanchanara

Alejandro Fontana, PhD

Como a las personas se les conoce por sus acciones, un modo de auto-reconocerse o conocer a otros es observar su actitud frente a los bienes materiales.  En los niños pequeños lo que observamos frecuentemente es que no quieren compartir su chocolate o sus galletas; que reclaman que se les sirva más de un postre. Y muchas veces, también, esta actitud es la que proyectan personas adultas.

Si se trata de una distribución de utilidades, nadie desea recibir menos favoreciendo con eso a otros; muy pocos están dispuestos a pagar con sus propios recursos un gasto de la empresa, aunque este sea muy pequeño; o la propina que se entrega en un restaurante es pequeña. En esos gestos pequeños, actuamos como si el hecho nos empobreciera significativamente. Por supuesto, no falta quien afirma que una persona solo consigue amasar una fortuna cuando es cuidadoso con el gasto pequeño.

Mii intención no es en ningún momento animar al despilfarro de los recursos, sino intentar que cada uno de nosotros aclaremos si somos los dueños de unos bienes materiales, o si más bien, son los bienes materiales los que nos poseen a nosotros. Solo quien es capaz de disponer de un bien material puede decirse que es señor y dueño de él. Lo mismo pasa con el tiempo: solo quien es capaz de entregar su tiempo a una causa es dueño de su tiempo o de su vida, que es lo mismo.

Hay una historia que leí hace mucho tiempo que puede ayudarnos a tener una idea adecuada de esta gestión de los bienes materiales.  La historia cuenta que había un mendigo que pedía limosna junto a una vía amplía por donde circulaban carruajes con personas importantes. El mendigo estaba al lado de la vía, y repentinamente, vio que un carruaje se desviaba hacia donde él estaba. Su ánimo comenzó a inquietarse mientras miraba fijamente el movimiento del carruaje. Este, cada vez, se acercaba más donde él; y el colmo de su emoción llegó cuando el carruaje se detuvo exactamente delante. Su entusiasmo crecía y crecía, mientras observaba como un librea que iba sentado junto al conductor se bajaba, desplegaba la pequeña escalera y abría la puerta. De un brinco fue corriendo hacia el carruaje mientras que de él descendía un hombre elegantemente vestido. La alegría del mendigo era exuberante: se percibía en sus movimientos, en su sonrisa y en la agilidad con la que se acercaba al extraño personaje.

Pero al llegar al frente de él, el personaje le extendió la mano con la palma hacia arriba, como pidiéndole algo. El desconcierto del mendigo fue tan palpable como su indignación interior: ¿cómo era posible que alguien con esa posición y riqueza le pidiera a él algo?, y precisamente a él, ¡un mendigo que no tenía nada!

El personaje permaneció con la mano extendida con la palma hacia arriba…hasta que él, metió su mano en su pobre bolsa y sacó un grano de trigo. Al depositarlo en la palma del personaje, este cerró su mano, y sin decir nada se dio media vuelta, regresó a su carruaje, subió los pocos peldaños, el librea cerró la puerta y volvió a su posición junto al conductor. Y el carruaje reemprendió su camino dejando cada vez más atrás al mendigo. Mientras el carruaje se alejaba, el mendigo permanecía paralizado,  desconcertado y resentido: ¡cómo era posible que los ricos les quitasen a los mendigos los pocos bienes que tenían!…

Al terminar el día, el mendigo se dirigió a su pobre vivienda. Prendió una vela para iluminar la habitación y sacando la bolsa en la que metía lo conseguido a lo largo del día, volcó el contenido sobre la mesa. Y entonces, sorprendido, descubrió que entre los cachivaches que habían salido de la bolsa, había un granito de trigo, pero de oro, que brillaba deslumbrantemente. Entonces, comprendió lo que le había sucedido, y empezando a llorar, se reprimía no haberle entregado todo lo que llevaba en la bolsa…

Todos los bienes materiales son medios para obtener bienes más grandes. Y entre estos bienes están la alegría de unos niños, la tranquilidad de alguien desconsolado, el crecimiento de unos colaboradores, la generación de oportunidades para quienes antes no las han tenido… Por eso, podemos decir que los bienes materiales están para disponer de ellos; y no que ellos dispongan de nosotros. No tiene sentido que uno se atornille a un carro último modelo; a unos viajes turísticos; a una vida poco productiva consumiendo los recursos que unos padres o unos abuelos trabajadores han conseguido…

En cambio, conviene acudir a apoyar los momentos difíciles de nuestros colaboradores; prepararlos profesionalmente y humana (también en este señorío sobre los bienes materiales); tener un detalle con los que soportan el calor del día en una garita poco amigable; ser generosos con quienes nos atienden en un restaurante o con quien nos limpia el carro o con la persona que nos corta el cabello.

Nuestra vida ha estado marcada por mucha gratuidad y de muchas personas. Esta es una idea que Michael Sandel recoge en su libro La Tiranía del Mérito. Para él, los méritos personales son muy pocos. Mucho de lo que uno consigue depende más de las oportunidades y de las cualidades que la vida nos ofreció gratuitamente que del esfuerzo, y por tanto, del mérito personal…       

El silencio interior: una clave para gestionar la previsión en el directivo

Foto: Michael Held

Alejandro Fontana, PhD

Una de las cualidades que todo directivo debe adquirir es la capacidad de “ver” el futuro. Es cierto que nunca podemos aprehenderlo totalmente, pero la capacidad de adelantarse a los hechos para prepararse mejor a las situaciones que pueden presentarse es una cualidad que las corporaciones piden a sus directivos.

Esta cualidad puede trabajarse, porque en el ser humano existe una potencia para esto. En la dimensión sensorial, contamos con una potencia interna -un sentido interno: la cogitativa, que nos habilita para esta capacidad. Aunque los animales también poseen esta cualidad -en ellos se llama estimativa-, en el ser humano, esta capacidad de proyectar el futuro está perfeccionada por la acción del intelecto espiritual, que nos permite razonar sobre los supuestos futuros y diseñar planes que se orientan a un fin que aún no está presente.  

Y aunque solo sea una idea en el intelecto humano, es capaz de hacer que la persona disponga sus otras potencias para hacerlo realidad. El interés por presentar una propuesta ganadora en una licitación consigue que muchas actos del presente se orienten a dicho propósito. Y todas esas acciones se dispondrán de modo organizado y coordinado, incluso con las acciones de terceros.

El desarrollo de esta cualidad, sin embargo, puede tener un efecto negativo: vivir totalmente en el futuro. Es decir, vivir cotejando tanto lo que puede suceder o intentando controlar todas las variables, que uno deja de vivir el presente. Y como este dejar el presente se da solo interiormente, no se percibe su efecto dañino sino después de mucho tiempo.

Ante esta situación, conviene recordar que si bien somos seres que miran al futuro, debemos tener presente que lo que nos da peso específico es nuestra identidad personal. Es decir, somos un alguien. Un ser con intimidad, con biografía, donde nuestra vida no solo es lo que haremos mañana, sino alguien que ha tenido o tiene unos padres, unos tíos, unos hermanos, unos amigos del colegio, unos colegas del trabajo anterior, y un largo etcétera, como todas las personas con quienes nos hemos relacionado. Todas esas relaciones han ido tallando nuestra “facciones” personales interiores: nuestro modo de responder y actuar (y no digo reaccionar, porque la persona humana nunca reacciona -mientras es libre, claro- siempre actúa); nuestro modo de sonreír; de mirar. Por lo tanto, reconocer esa historia nos permite reconocer quién somos, y solo con ese bagaje a cuestas nos podemos proyectar hacia el futuro. Sin él, sería como lanzar una piedra hacia adelante: en sí anónima y sin capacidad de autodeterminación.

Entre el pasado y el futuro de la persona humana debe haber una conexión. Y esta conexión solo se da en el silencio interior. De allí que el silencio juegue un papel importante en el correcto despliegue de esta competencia que es tan importante para el directivo de una empresa.

Uno debe aprender a callar interiormente. Silenciar las voces propias que con frecuencia nos acompañan: el diálogo interno sobre una cuestión que rompió mis planes, mi propuesta, mis deseos; o la conversación afectiva que no terminó, y que ahora, internamente, me saca de dónde estoy; o la corrección que aún no proceso, y que internamente me persigue donde voy.

La persona humana también dispone de esta capacidad. Pero no se trata de hacer un vacío interior: eso es imposible para el ser humano, porque somos seres relacionales, dialógicos; y en la interioridad, no estamos solos, si sabemos abrir la puerta adecuada. Esta es una experiencia que muchas personas que nos han precedido ya han experimentado, y es también una experiencia que toda persona puede experimentar. En lo más interior de uno mismo, está quien nos ha hecho: no como una parte nuestra, sino como Alguien con quien podemos dialogar. Para comprobarlo, solo hay que tratar de experimentarlo.

Un gran filósofo del siglo VI, un hombre que aprendió mucho de humanidad y que llegó a este descubrimiento por sí mismo, dejó escrito para ayudar a quienes vinieran después de él: “no vayas fuera, vuelve a ti mismo”.    

La importancia de los límites que definen nuestra identidad interior

Foto de Anni Spratt

Alejandro Fontana, PhD

Una de las realidades que probablemente más difícil nos resulte comprender es nuestra libertad. De allí se despierta el deseo de independencia, la autonomía en el propio comportamiento, el derecho a que nadie nos juzgue ni nos imponga ningún tipo de restricción. Incluso, la experiencia de libertad la identificamos con la carencia de compromisos con relación al uso de nuestro tiempo. Un fin de semana libre es aquel en el que nada está aún “escrito”: no hay ninguna obligación; y todo está disponible a lo que se presente según el momento, manteniendo, por tanto, la opción de acceder o no a la invitación que se presente.

Pero esta idea de libertad es solo una imagen ilusoria. Quien actúa así, quien no se compromete con ningún plan previo, probablemente quede de lado por las oportunidades que se le presenten; y más bien, termine siendo objeto de las decisiones de los demás.

La auténtica libertad lleva consigo la decisión oportuna; y por tanto, la necesidad de decir que NO a otras opciones. En una ocasión, a un amigo le propusieron una muy buena posición profesional en el extranjero. Como él había pasado por nuestra Escuela siendo un profesional con muy buenas aptitudes, se había planteado no moverse del país para hacer algo por el Perú. Por lo tanto, estaba frente a un dilema significativo en su vida: o seguía los planes que sus jefes le habían preparado para bien de la empresa y bien suyo yendo a ocupar una posición de alta responsabilidad en una región fuera del país, o renunciaba a la empresa, porque su posición en el país se cerraba por la reestructuración organizacional que se estaba llevando a cabo en su empresa. Finalmente, optó por lo segundo; y cuando se comunicó con su superior inmediato para decirle que no aceptaba lo que le ofrecían por unos motivos personales, este le pidió que él mismo se lo comentara al regional. Tanto su superior inmediato como el regional le habían preparado esa posición en el extranjero; y ahora que él no la aceptaba, le pedía que él mismo fuese quien se lo plateara.

En estas circunstancias, conversamos; y me comentó que ya había tomado la decisión, pero que sentía que no tenía piso, y que le dijera algo que fuese un apoyo … Fue entonces que se me ocurrió decirle algo relacionado con lo que hemos venido viendo en este artículo: únicamente las personas que son capaces de decir que NO a algo que es grande, luego son capaces de decir que SÍ a algo que es más grande aún…

Con esto que pretendo mostrar: que los seres humanos somos seres que necesitamos de los límites para definirnos como individuos autónomos. Como menciona Fabio Rosini en su libro El arte de recomenzar, así como no podemos identificar un país sin tener en cuenta sus límites, los seres humanos requerimos de unos límites para definir nuestra identidad.

Los límites son por tanto indispensables para comprender lo que es la libertad. Sin límites ni siquiera somos libres. Un buen profesional debe reconocer que su actividad profesional tiene un límite, porque además de ser profesional también es esposo y es padre de familia; o un hijo debe reconocer que hay un tiempo para el deporte, o que sus padres le agradecerán que les dedique algo de tiempo el fin de semana. Lo mismo nos ocurre con la cuestión física: debemos reconocer o que el cuerpo humano requiere dormir al menos siete horas al día, y mejor si es de noche.

Aunque a veces podemos pensar que estas limitaciones atentan contra nuestra libertad, en realidad no lo hacen: únicamente definen quien somos en ese ámbito difuso de la identidad interior. El ámbito donde cada uno debe reconocerse.   

Ahora que terminamos un año y empezamos otro, quizás nos convenga repasar internamente, solos o con la ayuda de un buen amigo, estos límites que nos sirven para reconocernos. ¡Mis mejores deseos para el 2024!

El cuidado de la casa propia: la propia interioridad

Foto de vu anh en Unsplash

Alejandro Fontana, PhD

El día de hoy, 8 de diciembre, el mundo Católico celebra la Fiesta de la Inmaculada Concepción. Una fiesta entrañable para el mundo cristiano, que siempre ha tenido un cariño especial a la Madre del Redentor. Y pienso que esta festividad nos da la ocasión de reflexionar sobre una realidad que dejamos de mirar; y que sin embargo, es esencial al momento de dirigir una empresa, una comunidad o una familia. Me refiero a la interioridad, o como se llama técnicamente, a la propia intimidad. Ese ámbito personal, donde nadie puede penetrar, nadie puede indagar, y que al mismo tiempo es el responsable de muchas de nuestras decisiones y de nuestro modo de ver las relaciones con los demás.

¿Cómo somos internamente? ¿Cuáles son nuestros pensamientos y deseos más profundos? Con mucha razón, Maese Eckhart comentaba en el siglo XIII, que estamos muy preocupados por el hacer, cuando deberíamos estar más preocupados por el ser. Dedicamos muchas horas al estudio para dominar más la naturaleza o los procesos de una organización; trabajamos con ahínco en la mejora física y nuestra capacidad vital; aprendemos idiomas; cultivamos la danza, la oratoria y el dominio escénico. Pero, dedicamos escaso tiempo o nulo a reconocer dónde estamos internamente, qué tipo de sentimientos son los que nos brotan espontáneamente, qué deseos tenemos, qué calidad tienen nuestras ilusiones, por qué tenemos esos miedos, por qué admitimos esas aversiones.  

Como ocurre con todas las dimensiones humanas, la interioridad es un plano que también admite mejoras y progresos, cambios de timón y reconversiones. Hay una frase de la Sagrada Escritura que pienso nos viene muy bien en esta reflexión: “¿de qué le sirve a un hombre ganar todo el mundo si pierde su alma?” ¿De qué nos puede servir que tengamos muchas competencias personales, o muchos recursos si nuestra interioridad es muy débil o está enferma? Si con un pequeño detalle que nos contrarie, todo el edificio de éxitos que hemos alcanzado se desploma súbitamente como un castillo de naipes.

En un artículo anterior, mencionaba que la persona que guarda un rencor a otra es una persona que está dañando todas sus relaciones personales. El rencor es algo interno y propio, y por tanto, estará presente en todas las relaciones que el interesado establezca. Como él se ha agriado internamente: se ha vuelto más sensible con todo lo que tenga que ver consigo mismo; se está acostumbrando a ver posibles enemigos en todas partes; es más desconfiado; ha disminuido su capacidad de dudar de sí mismo; se está acostumbrando a racionalizar sus obsesiones; y un largo etcétera, entonces ese avinagramiento siempre será una amenaza latente en las relaciones que establezca; y tarde o temprano, terminará surgiendo.

La interioridad de cada uno de nosotros es una dimensión esencial para la vida social, familiar, empresarial, nacional e internacional. Lo estamos observando en nuestro país con unas reacciones de odio ante la liberación de un reo anciano y enfermo. Se llega hasta el extremo de no admitir que alguien pueda tener misericordia. Incluso, a que no haya en la tierra alguien que pueda hacer un bien. Ojalá nunca tengamos de vecino a alguien que tiene un comportamiento así. La exposición es muy alta.

Por eso, conviene detenerse un momento a reconocernos internamente. Y junto con este reconocimiento, nunca desanimarnos por lo que podamos encontrar. En el caso de la interioridad, felizmente, siempre hay remedio; siempre es posible sanar.

Aún, en el último minuto de la vida, se presentará la oportunidad. De esto podemos estar seguros. Muchas de las personas que han pasado por un trance crítico y luego se han recuperado, comentan que en ese momento han visto pasar toda su vida como una película. Algo así como el último recurso que la Providencia Divina ha previsto para sanar esa interioridad.

Con todo, pienso que es mucho más valioso y fructífero buscar la medicina y empezar la recuperación ahora mismo, sin tener que esperar al último instante de la vida temporal. No solo haremos un gran bien a muchos con unas relaciones más sanas; los primeros beneficiados seremos nosotros mismos: tendremos más paz interior, más sencillez y más alegría…

El rencor es ese veneno que te tomas tú esperando que muera el otro

Foto de Jozsef Hocza, Unsplash

Alejandro Fontana, PhD

Cuando alguien es objeto de una murmuración o de una calumnia, cuando ha sufrido un desprecio de alguien o se ha sentido herido por otro, por una institución o por una empresa, tiende a quedarse con esa herida dentro de sí, y que le quema las entrañas. En ocasiones este malestar llega a sentirse con tanta profundidad, que incluso se llega a desear que la persona que cometió la ofensa desaparezca de la existencia.

Hay entonces una espiral pasional que se impone a lo estrictamente racional. Se confunde, por ejemplo, el error de la otra persona con la persona en sí. Y en algunos casos, un supuesto error, porque el equivocado también puede ser el que se considera ofendido. Pero suponiendo que realmente no fuese así, sino que el error es efectivamente de quien ha ofendido. En este caso, lo que habría que buscar es hacer que el error desaparezca; pero no desear que desaparezca el que cometió el error: es una persona. En el extremo, este razonamiento es el que justifica el que cada vez se considere menos conveniente la pena de muerte. Hacia la persona humana, conviene tener la esperanza de su redención personal.

Pero volvamos a nuestra cuestión del rencor. Es un sentimiento interno que acosa sin cesar, y que tiende a crecer en desmedida comprometiéndolo todo a su paso. Por eso, el rencor es un veneno, que no solo deteriora una relación, sino que afecta a todas las relaciones que se puedan tener con los demás: el deterioro está en uno mismo. Uno mismo es el que vicia todas las otras relaciones: todas ellas, si aún no han sufrido una razón suficiente para originar un rencor, lo están en un grado próximo. Solo se requiere que algo no se entienda de la acción del otro, para que este resorte interno negativo salte desproporcionadamente. Es uno mismo el que ha perdido la capacidad de controlar sus pasones son su razón, y por tanto, la dependencia a la irracionalidad de las pasiones internas es muy grande.

Por tanto, si uno desea resolver este problema interno, lo mejor es separar el error de la persona del presunto ofensor. Quienes tienen la suerte de recibir la ayuda de Dios para componer estas cuestiones internas, saben que uno es capaz de poder comprender los errores de los demás, y de diferenciarlos de la persona de donde han provenido. Un amigo me comentaba, “he coincidido muchas veces con la persona que más me ha calumniado y difamado, pero eso no quita que tenga con él muestras de cariño y atención”.     

Tengamos también en cuenta que todo este proceso de deterioro interno no produce ningún mal en el otro: en el aparente o real ofensor. El siempre estará al margen de toda esta tramoya de sentimientos y enredos interiores. Es decir, el zarpazo del rencor nunca le alcanzará. Se cumple, por tanto, aquello que escribía Shakespeare de la ira, y que Carmen Jiménez aplica de modo magistral al rencor: “El rencor es un venero que te tomas tú esperando que muera el otro”.   

Educar en la escasez: una misión para los padres de familia y los directivos de empresas

Foto de Kate Joie en Unsplash

Alejandro Fontana, PhD

Aunque no parezca así, la carencia de medios probablemente sea mejor maestra para la vida de las personas y de las organizaciones que la abundancia. Sin embargo, pocas veces le damos espacio a la educación en la escasez en nuestras familias y también en nuestras empresas.

El estado de confort tiende a adormecer a las empresas; incluso una situación económica boyante cuando ha faltado esfuerzo o desproporción entre el trabajo realizado y los buenos resultados es mala señal. En todo proyecto, en toda actividad que uno realiza se tiene que notar el esfuerzo, el cansancio que ha generado un buen resultado; lo contrario sería señal de retroceso personal, organizacional y hasta profesional. Y este retroceso lo notarán los clientes en no mucho tiempo.

San Agustín de Hipona refiriéndose al progreso interior en el amor, es decir, en el desarrollo de la amistad personal con el Señor, decía. “En este camino del amor; si dices basta, ya estás perdido. No te detengas, avanza siempre; no vuelvas hacia atrás, no te desvíes. En este camino, el que no adelanta retrocede”. Y este mismo principio podemos aplicarlo a la calidad de nuestro trabajo, porque el trabajo es el medio que tenemos los ciudadanos para crecer en la capacidad de servir y pensar en los demás. Y es esta capacidad la única que puede mantener en el largo plazo la motivación para seguir insistiendo en una tarea que cansa; y que aunque apasione, agota las fuerzas personales.

Hace poco más de una semana tuvimos el anuncio del corte de agua en varios distritos de Lima. Los titulares de los periódicos y de los mass media dieron cuenta de lo que se comentaba en toda la ciudad. Todos estaban extrañados de tener que pasar unos días con el recorte de este elemento tan importante para la vida. Algún diario también publicó una información de SUNASS sobre el consumo de agua de algunos distritos; y señalaba también que los que más la consumían eran San Isidro, Miraflores y La Molina. El primero 280 litros/persona-día, el segundo 238, y el tercero 210. Unas cifras que contrastaban con lo sugerido por la Organización Mundial de la Salud (OMS): 100 litros/persona-día.

La reacción ante el recorte en el suministro de este elemento tan esencial y la noticia de cómo se consume en nuestra ciudad, pienso que nos da ocasión para caer en la cuenta de que no estamos educando en la escasez. Y que estamos acostumbrando a nuestros hijos y a nuestros colaboradores a no ser responsables de la hipoteca social que tienen los bienes materiales que disponemos. Algunos piensan que el pago de un servicio justifica el uso indiscriminado del bien, pero esto no es así. El uso razonable de los bienes materiales interesa mucho, porque impacta positivamente en el sujeto que los usa. Por supuesto que interesa no destrozar la belleza natural, no extinguir las especies, no deteriorar el entorno… Esto es valioso, pero mucho más es el impacto que se genera en la persona humana cuando este actúa cuidando la naturaleza, o procurando no derrochar en vano los bienes materiales. Cuando alguien actúa así, crece como persona: es más racional en su actuación; es más responsable en todas sus dimensiones; vive menos pendiente de sus caprichos y se abre más a las necesidades de los demás; se hace más solidario, más servicial, más sensible a las necesidades de los demás. Y es que, aunque a algunos les parezca sorprendente e inaudito, la naturaleza está esencialmente para contribuir al desarrollo en plenitud de los seres humanos.

Finalmente, no se puede educar en la escasez si uno no empieza por sí mismo. La educación solo se da por imitación. Y esto significa que para enseñar a los hijos y a los colaboradores de nuestras empresas en la escasez: yo, padre o madre de familia; o yo, gerente de un división, debo incorporar en mi conducta personal esta actitud de vivir en la escasez.

Es decir, cerrar el caño de agua si no lo uso directamente; cuidar las cosas personales; renunciar al vino que más gusta, para pedir en cambio el plato que más le gusta a la esposa; medir el consumo personal en los almuerzos que paga la empresa; dar cuenta de los viáticos del viaje y no cargar a la empresa lo que no corresponda. Son detalles, cierto…; y algunos de ellos nadie los apreciará directamente -aunque siempre los apreciará quien realmente vale la pena que los observe. Pero, estos detalles cuando se hagan parte de la vida cotidiana de uno terminarán conformando nuestro modo de ser, y por tanto, nuestra actitud. Y esa actitud, sin manifestarlo explícitamente, será la que educará en la escasez a quienes se tengan cerca.  

La estrecha correspondencia entre sostenibilidad y la condición de persona

Foto de Vlad Hilitanu en Unsplash

Alejandro Fontana, PhD

El término sostenibilidad ha adquirido mucha vigencia en el ámbito empresarial. No es raro encontrar entre los directivos un sano deseo por saber más de lo que representan los indicadores ESG (Environmental, Social and Governance), y de qué modo esta corriente impactará en sus empresas. Sin embargo, cuando surge de modo espontáneo la pregunta sobre qué es sostenibilidad, nadie da una respuesta precisa.

Se menciona, por ejemplo, que a diferencia de lo que ocurría en los años 90, cuando Milton Friedman afirmaba que la responsabilidad social de una empresa era buscar el máximo rendimiento para el accionista, la sensibilidad de nuestra sociedad actual nos había llevado a pensar en una participación más activa de la empresa en las problemáticas de la sociedad.

Motivados por la aparición el año 2015 de los 17 Objetivos del Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas (ODS), muchos directivos han entendido que la sostenibilidad significa la incorporación en sus organizaciones de algunos de estos objetivos, y así, muchas corporaciones los han incorporado en sus criterios de actuación. Pero, la pregunta sigue estando en pie; ¿qué se quiere expresar con el término sostenibilidad?

El término sostenibilidad apareció por primera vez en el ámbito internacional el año 1987, cuando en la Conferencia de Brundtland, se definió en una de las reuniones dirigido a unificar a los países alrededor del desarrollo sostenible. En consecuencia, una empresa sería sostenible cuando actúa en favor del desarrollo sostenible. Ahora bien, no se puede hablar de un desarrollo sostenible sin tener en cuenta el espacio territorial donde la empresa opera. Y esto se debe a que un territorio es distinto a otro por realidades naturales y sociales. Por tanto, el desarrollo sostenible siempre es un desarrollo territorial, que atiende dos ámbitos: el natural y el social.

Al mismo tiempo, cuando en la Conferencia de Bruntland se definió el desarrollo sostenible, se afirmó que este es el desarrollo que resuelve las necesidades del presente sin comprometer la habilidad de las generaciones futuras de resolver sus propias necesidades. Desde una perspectiva estrictamente personal, esta definición es sumamente apropiada, porque no solo extiende la preocupación por el otro -algo específicamente humano- al que existe junto a uno. Dicho alcance se prolonga también a aquellos que, hoy, aún no existen, pero que vendrán en algún momento.

La persona humana es un ser que tiene autoconciencia; es un ser con intimidad, porque tiene una biografía: la conciencia de unos hechos y unas relaciones que lo configuran en el presente; pero además, es un ser ontológicamente volcado hacia fuera. Incluso, que requiere de las necesidades de los demás para conseguir su propio desarrollo, y llegar así a la plenitud de la naturaleza. Por eso, el crecimiento de esta sensibilidad por la sostenibilidad representa una maduración en una realidad muy natural: el ser persona.  

No obstante, este mérito no es exclusivo de nuestra generación. Muchas de las generaciones anteriores lo han vivido ya en Occidente. Probablemente, porque ellas se han movido en un ambiente de fuertes convicciones cristianas, donde el pensar en los demás seres humanos -ajustándose perfectamente a nuestra realidad más natural- es parte de los criterios de decisión. Como menciona Frossard en uno de sus libros: “la época en la que mejor lo han pasado los pobres ha sido la época en la que el Cristianismo ha estado más presente en la sociedad humana”.

Y nosotros mismos somo beneficiarios de esta realidad en nuestro país. Nosotros disfrutamos ahora de varios esfuerzos hechos por generaciones anteriores. Cada vez que abro la llave de agua en la ducha, doy gracias por tener una red de agua. Y es que en Lima, en los años 1900, cuando se hicieron las instalaciones de la red de agua y de saneamiento, quienes tuvieron a su cargo dichas obras las diseñaron para un horizonte de 100 años.

A nosotros, por tanto, nos corresponde seguir con esa tradición. Plantearnos los problemas con la magnanimidad de quien no solo piensa en sí, sino sobre todo en sus contemporáneos; y más aún, en aquellos que vendrán más adelante.