Una consecuencia de ser libre y una posibilidad para conocernos mejor

Alejandro Fontana, PhD

En los tiempos modernos se ha extendido mucho el valor de la libertad humana. Solemos reclamar esta condición cuando por algún motivo externo se ve condicionada. Libertad de expresión o de culto son, por ejemplo, parte de este reclamo frecuente. Sin embargo, tengo la impresión que no llegamos aún a comprender que esta condición humana es mucho más profunda.

            Hablar de libertad personal es reconocer que la persona humana no es un sujeto que reacciona, sino que siempre actúa. Es darse cuenta, que el entorno nunca determina la acción humana, sino que esta, siempre, es personal; y que su origen, solo radica en el sujeto agente. No podemos justificar, por ejemplo, la respuesta amarga de una persona ante quien lo ha maltratado diciendo que esa reacción fue motivada por el agresor; ni tampoco considerar que las maniobras impulsivas de un conductor se deben a la mala calidad del tráfico en la ciudad.

            La naturaleza física es distinta. Siempre reacciona según una ley determinada. Por ejemplo, si algo tiene una densidad menor que el agua, flota en él; o si en la costa se eleva la temperatura del agua a 100°C, empieza hervir. Pero esto que se da en la naturaleza física, no ocurre en la persona humana, precisamente, porque es un sujeto libre. Ninguna de sus acciones se puede considerar como una reacción, porque toda acción suya siempre nacerá de su interioridad. Porque es libre y no es un sujeto condicionado por el entorno, lo que ejecute siempre será una consecuencia de lo que ella haya decidido hacer en ese momento; y si no ha reflexionado en el instante, de lo que ella suele hacer en circunstancias semejantes. En ambos casos, de como ella es, porque así se ha hecho a sí misma.

            En este sentido, en lugar de pensar en los condicionamientos del entorno, lo que debemos considerar es que todo comportamiento humano revela en algo cómo es la persona que actúa.  Por lo tanto, podríamos pensar en la siguiente metáfora. Cuando uno toma una naranja y la exprime, ¿qué sale?… ¿sale jugo de uva, de manzana o de piña?… La respuesta es ¡no!… lo que sale es jugo de naranja, ¿verdad?

            Pues bien, cuando una persona cualquiera está sometida a una presión externa: una contrariedad en los planes profesionales o personales, una enfermedad, el error de unos colaboradores, una decisión mala que compromete a la empresa…, lo que va brotar, lo que saldrá es cómo esa persona es realmente. Es agresiva, incomprensiva, descontrolada, o más bien; es serena, confiada en la Providencia Divina, desprendida del dinero, prudente, responsable, etc.

            Pienso, que los aprendizajes que podemos sacar de esta breve revisión de lo que implica la libertad humana son dos: cada uno tiene un modo de ser, y ese modo de ser se devela con facilidad cuando uno está sometido a presiones externas. Allí tenemos, por tanto, una herramienta para conocernos mejor…

Publicado por Alejandro Fontana

Profesor universitario, PhD en Planificación y Desarrollo,

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