Una tarea para las empresas líderes: ahogar el mal en abundancia de bien

Alejandro Fontana, PhD

A pesar que este consejo lo hemos recibido hace casi 2,000 años, nos resulta aún difícil comprender que la solución a los diversos problemas de la sociedad se alcanzan a través de él, y no por la exigencia -siempre muy humana- de querer que los otros cumplan su parte: que no hagan daño, que no roben, que no cometan actos de corrupción, que sean responsables, y un largo etc.

No cabe duda que el contexto ayuda, y a lo largo de la historia ha habido momentos y lugares donde la mayoría de la sociedad se ha preocupado por no dañar el bien de los demás. Mucho se ha hablado en contra de la Edad Media. Se la ha llamado la edad oscura, de la minoría de edad de la humanidad, de la era de las supersticiones y el sincretismo. Pero esta imagen que tenemos muchos no se ajusta del todo a la realidad. Por ejemplo, varios historiadores, incluso no creyentes, han afirmado que la Edad Media fue el momento en que mejor los pasaron los pobres, los enfermos, las viudas y los huérfanos… ¿Cómo puede haber sucedido esto? ¿Por qué las personas más débiles de la sociedad lo pasaban mejor?

La respuesta es sencilla. La Edad Media fue uno de los momentos de la historia donde el hombre estuvo más pendiente de amar al Señor; y en especial, tuvo muchos detalles con el Señor presente en la Eucaristía. Y como consecuencia de esa dedicación, surgieron muchas personas que se preocuparon de los más débiles de la sociedad. Y así, Europa se llenó de orfelinatos, de lugares donde se atendían a las viudas, a los enfermos y a las personas más pobres y abandonadas. La carencia de conocimientos científicos hacía que en esa época las pestes causaran muchos enfermos, e incluso muertes en la sociedad. Pero a estos enfermos no les faltó nunca una mano que los atendiera y los cuidara, sin importar que esto le costara también la vida al que ofrecía dicho servicio.

Pero si el contexto no ayuda, el consejo que recojo en el inicio de este artículo tiene igual aplicación. El ejemplo sobre el cuidado a los más débiles de la Edad Media confirma que la solución a los problemas sociales pasa necesariamente por una acción en primera persona. Es decir, quienes en la Edad Media vieron unos problemas a su alrededor, no buscaron que otros los resolvieran, no se preocuparon tampoco si contaban o no con los medios suficientes. Simplemente, ellos se pusieron a trabajar para resolverlos; y en este esfuerzo empeñaron su vida.

La solución de los problemas sociales siempre es una llamada a la acción personal; pero a partir de allí, es también una llamada a la acción asociativa. Los grandes problemas no los puede resolver uno solo, se requiere el concurso de otros actores.

El mismo criterio podríamos considerar para los sectores empresariales. Los distintos problemas sociales que afectan a un sector empresarial en particular solo se pueden resolver si las empresas del sector deciden trabajar juntas para ahogar el mal en abundancia de bien. Y se debe entender bien, por aquello que produce un impacto positivo en la sociedad donde se opera: en los consumidores, colaboradores, proveedores locales o simplemente, …vecinos.

¿Y a quien le corresponde la iniciativa dentro del sector empresarial?   La respuesta es al líder del sector. El es quien está llamado a empujar las iniciativas que impacten en el bien del conjunto de empresas, porque busca lo mejor para la población. Pero, alguien puede pensar que este tipo de acciones no se darían en el Perú.

Felizmente, puedo decirle que se equivoca… Este tipo de acciones se han dado y se pueden volver a dar en el Perú. El progreso que ha tenido nuestro país en la productividad del sector avícola se debe en parte a la gestión de la directiva de la Asociación Peruana de Avicultura (APA), pero también, y en muy buena parte, al liderazgo positivo que ha tenido San Fernando en dicho sector. Hubo decisiones de Fernando Ikeda que fueron determinantes para gatillar el proyecto que condujo a la mejora de la calidad nutricional de la población peruana. En un estudio que publiqué el año 2018, recogimos una estadística del ENAHO que mostraba cómo el segmento de pobreza extrema había sido el más beneficiado por dichas mejoras: había incrementado el consumo de proteína animal en un 250% entre el 2004 y el 2017.   

Por lo tanto, muchos de los problemas sociales que tenemos como sociedad requieren, simplemente, que en los sectores empresariales donde se concentran dichos problemas haya CEO en las empresas líderes con un criterio claro.  El CEO de una empresa líder no solo tiene la responsabilidad sobre los problemas de la propia empresa; también debe prestar atención a los problemas del sector. Y para resolverlos, no olvidar: el mal solo se puede ahogar en abundancia de bien.

Que el año que empieza, en el que por causalidad algunos sectores empresariales están también inaugurando dirección en sus empresas líderes, sea un año de auténticas transformaciones.

¡Feliz Año Nuevo!…     

Publicado por Alejandro Fontana

Profesor universitario, PhD en Planificación y Desarrollo,

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